Voces: Gregorio Robles Martínez

por | 13 Sep 2017 | Entrevista, Voces para una comunicación científica eficiente

Profesor e investigador de Teoría de la señal y comunicaciones

Gregorio Robles es Profesor Contratado Doctor de la Universidad Rey Juan Carlos. Especialista en ingeniería del software, y específicamente en software libre, ha dirigido y participado en proyectos de investigación competitivos y cuenta con numerosas publicaciones a nivel internacional tanto sobre software libre como sobre programación en educación.

Conceptualización de la comunicación

Manuel Gertrudix: El primer punto sobre el que nos gustaría conocer su opinión es sobre cuál es el espacio que ocupa la comunicación en los proyectos de investigación competitivos, cómo se conceptualiza y cuál es el espacio que ocupa en el diseño de las propuestas.

Gregorio Robles: Nosotros, cuando proponemos un proyecto, siempre estamos muy preocupados por el impacto. Hay varios tipos de impacto: uno que nos interesa mucho es el impacto en la comunidad científica; pero también otro impacto que cada vez valoramos más es cómo va a llegar nuestra investigación a la sociedad. Dentro de ese impacto está la comunicación. No voy a decir que no sea importante, pero es verdad que el impacto científico, que es fácil de medir, es el que obtienes en revistas indexadas o en congresos. Y ese es el principal impacto para nosotros; todo lo demás son añadidos. Eso no impide que los investigadores nos juntemos y veamos qué contactos tenemos o qué metas buscamos, porque dependiendo del proyecto intentamos ver cómo nuestra investigación puede cambiar ciertas cosas en la sociedad, cómo podemos hablar con los actores y cómo podemos llegar a ellos. Quiero decir con ello, en resumidas cuentas, que para nosotros es importante porque nos da puntos extras a la hora de evaluarnos, pero por otra parte es un objetivo secundario porque el principal es el impacto científico.

Un problema que vemos en general, en nuestra relación con la sociedad, es que las cosas que hacemos los científicos entienden que suelen ser muy complicadas

M.G.: ¿Pero qué relación crees que puede haber entre el conocimiento que la sociedad tenga de determinados asuntos y la selección de temáticas que son objeto de financiación y sobre los que finalmente se investiga? Es decir, ¿cómo influye el conocimiento social sobre la agenda de investigación?

G.R.: Aquí, puedo hablar desde mi experiencia en dos campos: un campo específico de la ingeniería del software, que es muy profesional, y un segundo campo que tiene que ver con la educación.

Evidentemente el impacto y la comunicación dependen de cuál sea el campo del que hablemos. Un problema que vemos en general en nuestra relación con la sociedad es que la sociedad piensa que las cosas que hacemos los científicos tienen que ser muy complicadas. Incluso cuando alguna vez comentas con los amigos cercanos que han estudiado tu carrera qué haces, te dicen: “eso es muy complicado” y desconectan. No hablemos de los que no han estudiado cosas cercanas.

Por otro lado, en la parte de educación como nosotros enseñamos a programar a niños y esto llega más a todo el mundo, porque al final todos tenemos hijos, esto genera un interés y una comunicación más fluida.

Mientras, en la parte de ingeniería de software, incluso aunque todos utilicemos software constantemente, lo ven como algo que les afecta marginalmente, que es muy complicado y que, por tanto, les interesa menos. Teniendo en cuenta esto, nuestra política de comunicación en los proyectos es diferente: unas veces intentamos llegar a un público generalista haciendo el esfuerzo de escribir notas de prensa que hagan más comprensible el proyecto. Y en otros, por la experiencia, vemos que es más difícil llegar y limitamos la difusión, ni siquiera hacemos las notas de prensa; se queda en el ámbito científico-tecnológico de un grupo reducido.

Foto: Juan Romero-Luis.

Planificación de la comunicación

M.G.: Consideremos ahora la planificación de la comunicación. Habitualmente, un proceso de comunicación eficaz y eficiente comprende un conjunto de fases que son necesarias para alcanzar los objetivos que se fijan en el mismo: desde la fase de planificación hasta la de evaluación, pasando por la de desarrollo y difusión. ¿Cree que los planes de comunicación que incorporan las propuestas de los proyectos tienen un diseño claramente definido y una planificación desde el inicio?

G.R.: Digamos, para empezar, que en los proyectos de educación en primer lugar evaluamos cuál es el target de público, porque la educación es muy amplia. En nuestra experiencia solemos dirigirnos en primer lugar a profesores, que es un público no especialista en investigación, pero un poco más acotado que el general, donde también están los alumnos y los padres.

Hacemos un debate de a quién nos queremos dirigir, quiénes son los receptores, cuál es el output de nuestra investigación, o cómo escribirlo, porque no es lo mismo escribir una nota de prensa para unos que para otros.

De hecho, en educación, muchas veces lo planteamos para el público general educativo, y hacemos eventos que son casi como una fiesta o un concierto; la gente viene a pasárselo bien, lo que a veces puede desvirtuar un poco la parte seria de lo que contamos. Pero tenemos la experiencia de que esto lo hacemos para niños y ha de ser divertido, por lo que tratamos de obviar las partes que pueden ser más aburridas y que harían que no viniese la gente.

En cuanto a ingeniería del software, como es más específico, nos dirigimos más al mundo empresarial. Entonces, ahí sí es verdad que el número de contactos es menor pero el interés aumenta porque es gente que está invirtiendo su dinero y su tiempo, y, en el caso de las grandes empresas, es estratégico. El número de personas es pequeño pero el interés se concentra, por lo que la comunicación no se hace por las vías de difusión global, sino que es mucho más a nivel de pequeñas jornadas, seminarios o pequeñas demostraciones.

Este es parte del problema del investigador: encontrar contactos y en esto a veces la universidad sólo nos puede ayudar marginalmente

M.G.: Pero, ¿cuáles son entonces estos canales de difusión que utilizáis en el ámbito de ingeniero de software? ¿Cómo hacéis para proyectar todos esos resultados?

G.R.: En el mundo empresarial los congresos son el principal espacio de encuentro. No hablo sólo de congresos científicos, pues hay veces que son congresos más industriales a los que vamos porque nos invitan a dar charlas y es ahí donde surge el contacto. Es muy difícil, a veces, que a partir de la universidad puedas encauzar esos contactos. Cuando vienen empresas y dicen que quieren ver que se hace en la universidad, nuestra experiencia es que rara vez surge algo. Hay mucho interés por parte de la empresa, pero es poco específico. Mientras, a veces cuando te ven dando una presentación y surge el interés. El ámbito de ingeniería de software es muy específico, muy particular. Este es parte del problema del investigador: encontrar contactos y en esto a veces la universidad sólo nos puede ayudar marginalmente. Mientras, que en educación es diferente, porque al ser más amplio el público objetivo, ahí sí pueden venir contactos de otros sitios. Nos escriben a través de la página web, nos conocen por otros sitios y se produce el conocimiento a otro nivel. Por eso es importante diferenciar que nos movemos en dos mundos y lenguajes totalmente diferentes.

Foto: Juan Romero-Luis.

Desarrollo y difusión de las acciones

M.G.: En relación al desarrollo de la comunicación y al proceso de difusión. ¿Considera que las acciones de comunicación que se desarrollan en los planes utilizan eficazmente los recursos y canales actualmente disponibles? ¿Qué acciones cree que están desarrollando mejor los proyectos de investigación?¿Cuáles cree que podrían o deberían mejorarse?

G.R.:  Pues hay muchas convocatorias, y depende mucho de cuál se trate. Como decía al principio, el impacto es importante, porque al final estamos investigando para alcanzarlo, y sí nos lo planteamos de inicio. A los revisores de las propuestas les interesa ver que se tiene en cuenta el impacto y, por tanto, considerar esto puede marcar la diferencia. Entonces, tener actividades, contactos, que se vea que eso va más allá de publicar en revistas o en congresos, es importante. Nosotros eso sí lo sabemos, y en la parte de la propuesta le damos vueltas, y se incluye. Eso no quiere decir que luego, en el transcurso del proyecto, es una actividad que va de pasajera. No es la parte que nosotros llamamos el “core” de lo que tenemos que hacer, sino que es una actividad que, además de las cosas que tienes que hacer y donde te juegas el prestigio científico, tienes que llevar a cabo; algo que viene muy bien, pero que sabes que no es el corazón de la actividad del proyecto.

Ahí es donde vienen los problemas que tenemos. Dependiendo del proyecto tenemos más o menos ayuda. En algunos tenemos a alguien dedicado a la difusión y a la organización, y en esos proyectos conseguimos mayor impacto y llegar a más gente. Es verdad, que es difícil contar con personal cualificado en esas áreas, porque suele ser gente que está formada en comunicación (sabe de redes sociales, y de medios) pero no saben del ámbito científico. No ya del ámbito científico específico que estamos investigando, sino incluso sobre cómo funciona la ciencia, porque no son científicos. Ahí se nota que es gente que podría difundir información de cualquier proyecto, pero para hacerlo bien, sabiendo de qué va tu proyecto, necesita de una especialización.

Dependiendo del proyecto tenemos más o menos ayuda. En algunos tenemos a alguien dedicado a la difusión y a la organización, y en esos proyectos conseguimos mayor impacto y llegar a más gente

Por desgracia a día de hoy no tenemos una carrera en ese sentido. Es gente que va cambiando de un lado al otro; hace muy bien la parte de comunicación pero le falta ese plus para saber bien de qué estás hablando. No hay una carrera de eso porque las demás carreras que tenemos en la universidad son de investigación pura; no existe la carrera de, digamos, “divulgador”. Nunca vamos a llegar más lejos de eso, porque nos falta gente especializada. En otros países sí tienen, dentro de los grupos grandes, a una persona especifica dedicada a eso y, además, ves que sabe del tema. Eso en España es difícil de conseguir porque no tenemos ni financiación ni carreras donde se forme para ello.

Volviendo a la pregunta. Esa es la situación en los proyectos que tenemos a alguien, pero lo normal es que no tengamos a nadie. Lo habitual es que sea una carga adicional que aparece después de hacer el trabajo científico, porque no podemos olvidar que de lo que nos evalúan es de la parte científica. Nosotros no estamos formados en esas áreas, no somos comunicadores profesionales, no sabemos cuáles son las formas de llegar a los diferentes públicos y eso, después, se nota. Primero, porque es lo que dejamos para el final – porque es lo que peor sabemos hacer – y, segundo, porque a veces, cuando lo haces, incluso con toda la buena intención, no llega todo lo lejos que te gustaría o incluso que se podría llegar en condiciones óptimas.

Foto: Juan Romero-Luis.

Evaluación

M.G.: Por último, en el bloque evaluación. ¿En qué medida considera que se mide, por parte de los evaluadores de los proyectos, el alcance o el resultado de esas acciones de comunicación, diseminación y divulgación? ¿Qué importancia tiene en el peso del proyecto cuando se evalúa? ¿Hay unas métricas con las que se trabaja o es algo más genérico?

G.R.: En todas las propuestas vemos, al final, que es importante medir la parte de impacto y diseminación. En los últimos tiempos intentamos poner medidas específicas; de hecho, tendemos a la cuantificación, con todos los problemas que ahora voy a comentar. Es mucho más fácil decir: “vamos a tener tantas visitas en la página web, tantos asistentes a nuestros seminarios, tantos retuits, tantos tuits”. Es un número que podemos medir y poder trazar, y, entonces, muchas veces, como esa parte es la cuantitativa y fácil de medir, pues nos centramos en eso.

En los últimos años lo que he visto es que a los revisores les gusta este modelo, y nosotros también nos sentimos cómodos con él. Sin embargo, muchas veces un contacto con una empresa es mucho más valioso que cien personas asistiendo a un evento, que algunas veces son cien alumnos que vienen por créditos de libre elección a la jornada de difusión.

En esto, vuelvo a la reflexión sobre qué es la parte principal de los proyectos y qué es lo que está alrededor. Para asegurarnos tendemos a cuantificar en cuestiones como las redes sociales que, para nosotros que somos técnicos, nos permiten sacar un número. Todas esas cosas en las que más o menos nos manejamos, nos permiten estar más a gusto porque son nuestras áreas, y nos olvidamos la otra parte que es más difícil de contabilizar. Al final, hacer diez notas de prensa es una medida un poco vaga porque puede ser notas de prensa que hayamos hecho circular y hayan llegado muy lejos o notas de prensa que se han quedado en la página web del proyecto. Es en ese mundo donde nos movemos nosotros.

M.G.: Y desde el punto de vista del impacto social, ¿en qué medida considera que la comunicación eficaz de un proyecto que llegue a la sociedad, y que sea conocido, puede modificar la percepción que tienen los ciudadanos sobre la temática que aborda dicho proyecto? Pongamos por caso, proyectos educativos como los que refería, que trabajen el pensamiento computacional.

G.R.: Cuando hablamos de pensamiento computacional, y nosotros hacemos experimentos en colegios, tenemos la puerta abierta, les gusta. El ámbito educativo entiende que hay que investigar y que esto sirve para el avance. Pero creo que no se entiende mucho más allá de eso. Por ejemplo, cuando trabajamos en los experimentos con grupo control y grupo experimental, cuando se lo comentas a un padre, suena extraño decirle: “nosotros tenemos la hipótesis de que el grupo experimental, donde vamos a enseñar a programar, van a aprender más que el grupo de control”. Éticamente no es lo mejor; parece que te dejas a niños en el grupo de control, que no van a aprovecharse directamente de esa experiencia. Pero es que nosotros científicamente necesitamos ese modelo, precisamente, para demostrarlo. Eso choca un poco con la idea que tienen ellos, de que el desarrollo del experimento va a servir ya a su hijo.

Si existiera más difusión de la investigación, no solo de los resultados, sino de todo lo que es el proceso, se generaría una nueva cultura científica general que ayudaría mucho

A largo plazo sí lo entienden, pero de entrada es difícil. Lo que encuentras ahí es una falta de cultura científica; que se entienda que para generar conocimiento necesitas antes hacer experimentos. A nosotros se nos da mucho esas situaciones: te abren las puertas, pero luego no saben que hay detrás, precisamente porque no existe esa cultura científica. Luego hay sorpresa: “¿Pero mi hijo no ha salido en el experimento? – Es que el niño estaba en el grupo de control, por eso no ha salido. – Pues, yo quiero que cambie de grupo. – Ya, pero eso no se puede porque entonces no podemos hacer el experimento. “

Si existiera más difusión de la investigación, no solo de los resultados, sino de todo lo que es el proceso, se generaría una nueva cultura científica general que ayudaría mucho. Creo que eso es más importante que los propios resultados. La gente no sabe de estos temas; nunca se lo hemos enseñado tampoco. No se habla del método científico. Aunque es curioso que, aunque no saben del método científico, tienen una actitud muy positiva, lo que suele ser al revés. Es decir, que cuando no conoces algo, tu posición siempre es negativa o de rechazo. Creo que es en esas cuestiones en las que se puede avanzar más. Más que en un proyecto específico que es una cuestión concreta.

M.G.: ¿En qué medida cree que el que llegue información a la escuela sobre los avances de los proyectos de investigación ayudará a ese cambio sobre la percepción de la sociedad sobre la ciencia?

G.R.: No diría que la sociedad actual es resultadista, pero sí que se queda con el último paso. En el caso de la tecnología, lo vemos claramente en el caso de Steve Jobs. La gente piensa que Steve Jobs inventó, desde el principio al final, los productos de Apple. Pero lo cierto es que muchas de las cosas que están integradas en esos productos son fruto de investigaciones básicas de los años 70 que necesitaron treinta o cuarenta años para cuajar y llegar al público general. Estoy hablando de cuestiones como las pantallas táctiles o el software, entre otras.

Creo que estaría muy bien contar la historia de cómo es la innovación. Nos llevaríamos muchas veces la sorpresa de que la gente solo entiende la parte final. Por poner una analogía: habría que poner la jugada completa y no solo el remate y el gol. Tenemos una sociedad enfocada al remate y el gol. Parece que solo hay delanteros, pero hace falta antes una elaboración muy importante. Volviendo al ejemplo del deporte, la gente sabe que hay  mucha elaboración, por lo que hay que trabajar para que entiendan la historia completa también en el campo científico. Para que haya alguien para rematar es preciso que antes haya habido un proceso muy elaborado, que no se valora tanto, pero que tiene que existir porque si no no se alcanzaría el objetivo.

Eso en Estados Unidos lo saben muy bien y las empresas tecnológicas de nuestro campo dicen: “la universidad debe hacer la investigación básica; nosotros ya hacemos la aplicada. Si no hay investigación básica, dentro de diez años nos come la competencia”. Creo que en Europa esto lo tenemos menos asumido, y a esta parte de la investigación básica no le damos tanto valor, por lo posiblemente es ahí donde perdemos la competitividad. Cualquier invento es consecuencia de una construcción que se ha hecho a partir de muchos mimbres, y al final ha llegado alguien y le ha dado el toque finalista. Pero contar todo lo anterior sería muy provechoso.

Foto: Juan Romero-Luis.

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