Presidente de la consultoría Barlovento Comunicación

Ricardo Vaca Berdayes  es doctor en Comunicación y profesor universitario. Desde octubre de 1998, preside Barlovento Comunicación,  empresa de la que es fundador y que está especializada en consultoría audiovisual. Con una larga trayectoria en los medios, fue director general de la Cadena RATO y de Onda Cero y director de Expansión, Gabinete Técnico, Análisis y Comunicación en Antena 3 TV y  Audiovisual Sport.

Autor de varios libros sobre el sector audiovisual,   en 1997  publicó un texto de referencia: “Quién manda en el mando. Comportamiento de los espectadores ante la televisión”,  por el que recibió la Antena de Oro por su aportación al estudio y análisis de la industria y empresa de televisión. En 2006 recibe el Premio Talento de la Academia de las Ciencias y las Artes de la Televisión y antes, en 1990, fue reconocido  con el Micrófono de Oro de la Asociación de Profesionales de Radio y Televisión.

Está considerado como uno de los más autorizados y respetados investigadores en el estudio del comportamiento de las audiencias,  el funcionamiento de la industria audiovisual y los nuevos horizontes de la TV en la sociedad digital.

Francisco Javier Pérez: Usted es un científico social, lleva muchos años trabajando es un aspecto muy interesante de la investigación social como es el análisis de la televisión, de los formatos, de los contenidos, de las audiencias, etc. Es un tema que nos interese mucho para este proyecto. ¿Cómo percibe usted el tratamiento de los contenidos científicos y tecnológicos en los medios audiovisuales?

Ricardo Vaca Berdayes: Creo que, en general, son temas muy tratados, pero de forma deslavazada, como partes de programas que no tienen que ver, necesariamente, con contenidos científicos. Por ejemplo, en un telediario, puede aparecer una noticia científica, o en programas de entretenimiento como en El Hormiguero se realizan experimentos químicos o físicos. Es decir, que están, pero diluidos en programas cuya finalidad no es científica, y aparecen como píldoras que van impregnando la programación televisiva sin orden ni concierto. Y en esto tiene mucho que ver la evolución de los géneros televisivos. Antiguamente, el fin de la televisión era “informar, entretener y educar” y estos eran ámbitos muy definidos. Hoy el infotainment, que es el entretenimiento con información, aparece en casi todo. En ese sentido, no podemos decir que haya un programa específico, que sería lo razonable también, donde todos los contenidos científicos y tecnológicos tengan su lugar, como una especie de noticias científicas específicas.

Eduardo Punset, que es una de las personas que más ha hecho por la investigación en televisión con el programa Redes, decía hace mucho tiempo que es necesario innovar para reflexionar, y reflexionar para sobrevivir. Nuestro país no será nada sin la investigación y el mundo científico, sea este social, económico, biológico, médico, etc. resulta imprescindible. Actualmente estamos dedicando unas partidas muy pequeñas para investigación y debemos ser un país que investigue. Si tenemos un 11% del PIB de turismo, no tiene sentido que dediquemos lo que dedicamos a la investigación. En el mundo y la era digital en la que nos encontramos, o investigas o feneces.

Escuela de Periodismo y Comunicación de Unidad Editorial.

Foto: Juan Romero-Luis

F.J.P.: El último documento que ha elaborado la Confederación de Sociedades Científicas de España pone el énfasis, precisamente,  en la reflexión que acaba de hacer. Nos interesa concoer también su opinión sobre un aspecto relacionado con la divulgación científica y que hace referencia a cómo construir un sistema que permita llevar al ánimo de los jóvenes, en los primeros niveles de la educación, el afecto, el amor, la adhesión y el reconocimiento del papel de los científicos.

R.V.: Voy a empezar por un pequeño detalle y, luego, voy a ir al caso general. Televisión Española, hace mucho tiempo, hizo una serie sobre la vida de Ramón y Cajal. Si podemos pensar en el concepto de científico, Premio Nobel, etc. esa figura la encarna Ramón y Cajal. Con un simple microscopio logró que sus descubrimientos y sus conocimientos hoy sigan teniendo una validez fundamental. Esa serie de Televisión Española, interpretada maravillosamente por Adolfo Marsillach, tendría que ser de obligado conocimiento en todos los cursos de ESO o de Bachillerato. Somos lo que nos educan, y la vocación nace de la pasión. Por lo tanto, no hay posibilidad de educación sin unos referentes. Por ejemplo, ¿cómo vamos a explicar a los niños cómo ha sido la Transición? Es necesaria la memoria. Ahora, con todos los medios digitales, parece que la memoria no es importante, pero la memoria es cada vez más importante. La memoria hay que construirla y se construye a través de las personas que han hecho nuestro país. Una de las glorias nacionales, que debería ser reconocido así, es Ramón y Cajal que es un ejemplo paradigmático de lo que es un científico sin medios, sin país y sin nada. Hoy tenemos medios, somos un país muy importante en el mundo, pero tenemos que poner esos medios, esos recursos al servicio de la investigación y, sobre todo, ayudar a fortalecer los marcos mentales. Hacer que en el marco mental que los niños tienen de su país aparezcan los elementos científicos, su investigación, su educación y su universidad. Por lo tanto, esto es esencial y tiene que nacer desde abajo y con el apoyo de las familias.

¿Cómo no va a utilizar el mundo científico todas las redes sociales, todos los elementos digitales, para comunicar todo lo que está haciendo?

Al hilo de la pregunta, quisiera añadir que, en este proceso, la comunicación hoy es vital. No vale con que se produzca el hecho; si la televisión no lo cuenta, no existe. Muchas veces el mundo científico, desde cierta distancia, piensa que es suficiente con investigar. Pero esto ya no es suficiente en una sociedad que está permanentemente comunicada. Debemos reconocer que cuando muere Bin Laden se conoce por un tweet. Luego, ¿cómo no va a utilizar el mundo científico todas las redes sociales, todos los elementos digitales, para comunicar todo lo que está haciendo? Todo parte de que tenemos que vender la mercancía, y para ello es necesario un buen plan de comunicación integral que tenga en cuenta tanto los “clientes” internos, que son los homólogos científicos de nuestra área, como los clientes externos. Un plan que permita a la sociedad española recibir esta información sin tener que estudiar, necesariamente, un libro de texto. Tenemos que adaptar la información para que se pueda entender. Y este es un ejercicio básico de comunicación: hacer sencillas las cosas complicadas. Dicen que un buen profesor es aquel que una cosa complicada la explica de manera sencilla. Creo que esto es lo que se tiene que hacer: desarrollar, para cualquier proyecto científico, planes integrales de marketing y comunicación que traslade cómo va avanzando una investigación determinada, utilizando todos los soportes mediáticos.

Foto: Juan Romero-Luis.

F.J.P.: Dos planteamientos en relación con sus últimas consideraciones. En primer lugar, la necesidad, si usted lo cree así,  de capacitar en habilidades comunicativas a los investigadores y científicos que, muchas veces, poseen un conocimiento profundo de lo que están haciendo, pero no tienen las competencias para comunicar con eficacia ese trabajo. Y,  en consecuencia, implicar o provocar la adhesión ciudadana. En segundo lugar, la pertinencia de que los proyectos de investigación competitivos vayan acompañados de un plan de comunicación.

R.V.: Absolutamente. Voy a poner un ejemplo. Hace mucho tiempo, rara vez un miembro de la Policía Nacional o de la Guardia Civil hablaba a cámara para da una información. ¿Qué ha hecho la Policía? ¿Qué ha hecho la Guardia Civil? Pues han formado a sus agentes en habilidades de comunicación. Cuando sucede cualquier cosa, los portavoces de la Policía y de la Guardia Civil muestran buenas habilidades comunicativas. Hoy vemos un policía nacional hablar de una información de sucesos con una prestancia muy importante.

Sin duda, desarrollar estas habilidades es fundamental. Por ejemplo, a los alumnos de comunicación hablar en público les produce un verdadero terror, pero nosotros fuimos enseñados a leer de pie, en voz alta a toda la clase y esto, que parece una bobada, es un hábito que desarrolla la competencia. Los norteamericanos es algo que tienen muy arraigado. Saben comunicar muy bien porque les educan para intervenir públicamente desde pequeños. Hablar en público tiene mucho de intuición, pero también de práctica, de hábito, de saber cuáles son las técnicas necesarias para comunicar bien. La comunicación existe cuando lo que yo quiero decir le llega a la persona que lo está recibiendo con el mismo sentido. Además, estas habilidades son consustanciales a una sociedad del siglo XXI que es mediática y digital. No hay posibilidad de hacer nada si no se comunica. No hay que decirlo, hay que venderlo. Eso de que hay que venderlo parece una profanación al hecho científico en sí mismo, pero se ha convertido en una necesidad. Porque necesitamos que el mundo científico impregne y alcance a la sociedad y esto solo puede ser mediante un uso eficiente de la comunicación, aprovechando los diferentes soportes, canales, modos de comunicar, etc.

Foto: Daniel Barrera Muro.

F.J.P.: En una entrevista que realizamos a Miguel Alario Franco, expresidente de la Academia de Ciencia y profesor honorario de la UCM, nos decía que la ciencia es bella y hermosa. Por tanto, es un contenido que no tiene que ser algo árido, distante y alejado, sino que, si se maneja con eficacia, puede ser un contenido audiovisual muy interesante. Usted, que se pasa la vida trabajando en los contenidos, ¿comparte esa opinión?f

R.V.: Absolutamente. No solo hay que venderlo, como decíamos hace un instante, sino que debemos buscar la mejor forma de hacerlo. Decía antes que la principal tarea de un profesor es hacer de una cosa compleja algo sencillo, para hacer llegar el conocimiento a personas que están empezando su vida universitaria y que, por lo tanto, no son expertos. Pues aquí ocurre lo mismo. De todas las artes, ¿cuál sería la más universal? A mi juicio, la música. La música es matemáticas. Las matemáticas se valen del método científico. Y Mozart o Bach se pueden estudiar desde las matemáticas. Incluso los poemas de García Lorca, que son sincopados y van con una rima determinada. La belleza es fundamental. Hay una frase de Gala en un poema sobre el Guadalquivir en Sanlúcar que dice: “ver la belleza que no atardece nunca” que nos recuerda esta idea. Las cosas tienen que ser bellas, toda comunicación debe ser estética. Nosotros estudiamos con aquella frase de “a la ética por la estética” y yo soy partidario de esa idea. La belleza nos eleva el espíritu y, cuando nos eleva el espíritu, somos mejores. Aparecen virtudes en los seres humanos que podemos compartir a través de esa belleza. La música es belleza, la pintura es belleza, el cine es belleza. Por lo tanto, la comunicación de los descubrimientos científicos tiene que ser bella. ¿Qué daríamos hoy, por ejemplo, por descubrir la penicilina? ¿Cómo lo contaríamos?

Pero esto supone, como hemos comentado, contar con una comunicación estratégica, con un plan de marketing que pueda alcanzar, de forma integral, tanto a los públicos internos como externos y que desarrolle una narrativa de lo científico que sea capaz de entender cualquier persona y, por añadido, sea simpática y agradable. Porque la comunicación científica no tiene por qué ser árida. No hay que contar la fórmula de Einstein y decir: “Oiga, ¿usted la entiende?”. Hay que hacer posible que esa fórmula de Einstein sea contada para que la entienda cualquier persona, y esto es posible. Hace falta trabajarlo y talento.

Necesitamos que el mundo científico impregne y alcance a la sociedad y esto solo puede ser mediante un uso eficiente de la comunicación

Lo que tenemos que tener claro es que en la sociedad del siglo XXI nada existe realmente si no se comunica muy bien. Cuando éramos niños e íbamos a comprar decíamos: “Deme usted un DANONE o una Aspirina”, que son marcas comerciales. No pedías un yogur o ácido acetilsalicílico que es el concepto genérico. ¿Cuántos analgésicos hay hoy en el mercado? ¿Cuántos yogures hay en el mercado? La diferencia es la marca. Es fundamental entender esto para saber que se necesita construir una marca con el elemento científico, y creo que eso es un reto maravilloso.

F.J.P.: Usted ha hecho frecuentes comentarios a propósito del mundo online, de la Red. Un universo prácticamente inabordable, la existencia de datos en abierto, mucha información y contenidos accesibles para todo el mundo, etc. ¿Cómo manejar todo eso?

R.V.: Cuando uno tiene una política de salir a ganar el partido, que yo creo que es la que debe de tener el mundo científico a la hora de comunicarse, corres riesgos. Esto es inevitable. Ahora bien, hay que saber medirlos. No vale comunicar por comunicar. Hay que saber contextualizar los mensajes, como todo. Si las informaciones son rigurosas y densas, pero, además, son amables, fáciles de interpretar y sencillas de percibir, creo que, aunque los riesgos pueden existir siempre, hay mucho ganado ya. Sin ir más lejos, salir a la calle es peligrosísimo, si se te cae una teja encima… Las redes sociales hoy son consustanciales a nuestra propia existencia. Forman parte de la revolución digital, y no debemos tenerles miedo. La realidad es que los percances y los inconvenientes existen, pero creo que no deben configurar nuestra manera de ser ni nuestra limitación a la hora de comunicar. Todo lo contrario, debemos aprovechar todas las oportunidades que nos ofrecen.

 

Foto: Daniel Barrera Muro.

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