Profesor titular de química inorgánica de la Universidad Rey Juan Carlos 

Santiago Gómez tiene una amplia trayectoria como investigador y evaluador de proyectos de investigación. Becado con las prestigiosas Marie Curie Training Site Fellow y Alexander Von Humboldt Foundation Fellowship, ha desarrollado una extensa actividad en ámbito de la síntesis de materiales nanoestructurados con aplicaciones antitumorales así como en la preparación de nuevos materiales avanzados. Ha participado en 17 proyectos de investigación y ha sido investigador principal de un proyecto de intercambio con la Universidad de Leipzig, financiado por el DAAD, de un proyecto del Plan Nacional de Investigación (MINECO) así como en diversos proyectos para la empresa estadounidense Chevron Phillips Chemical. Su producción científica alcanza más de 125 artículos en revistas internacionales de alto impacto indexadas en JCR, destacando algunos artículos en revistas como Angew. Chemie Int. Ed. 

Conceptualización de la comunicación

Manuel Gértrudix: ¿En qué medida considera que es importante que haya una planificación de la comunicación dentro de los proyectos de investigación? ¿Qué relevancia considera que se le da a esa planificación? ¿Cree que se está haciendo de la forma adecuada?

Santiago Gómez:  Desde el punto de vista del investigador, la comunicación siempre ha sido algo secundario. Es decir, que nos centramos primero en publicar nuestros artículos para dirigirnos a un público especializado, a la gente que puede utilizar nuestros artículos y los resultados que presentamos en estos de cara al futuro. Pero, casi nunca nos orientamos hacia el público en general. Es ahora cuando se empieza a ver que hay una mayor planificación. Es cierto que, en los últimos años, prácticamente todos los proyectos han tenido que incorporar alguna acción dirigida a que la investigación llegue a las escuelas para intentar, por ejemplo, motivar a los estudiantes, pero la verdad es que es algo que aún no tiene tanta importancia para los investigadores como la que pueda darse desde el punto de vista de la evaluación.

En todo caso, en los proyectos europeos, no tanto en proyectos nacionales (aunque cada vez se le va dando más valor), la comunicación es fundamental, porque muchas veces se utilizan los programas de investigación para mostrar a la sociedad que ese dinero que se está invirtiendo realmente revierte en las personas y que, no solo lo hace mejorando su vida, sino que también revierte en que los estudiantes pueden, con este tipo de acciones, motivarse para que en el futuro puedan dedicarse a la investigación de alto nivel.

Escuela de Periodismo y Comunicación de Unidad Editorial.

Foto: Juan Romero-Luis

M.G: ¿Considera que en la convocatorias está bien o suficientemente definido lo que se espera en la planificación de la comunicación del proyecto?

S.G.: Depende de la convocatoria. En las de ámbito nacional-regional desde el punto de vista del investigador pueden parecer bastante difusas. Sin embargo, en el europeo sí que aparece bien claro el tipo de actividades que tienes que intentar recoger o el tipo de público al que deberías alcanzar.

Desde el punto de vista del evaluador, en los proyectos europeos  queda bastante claro que la propuesta tiene que recoger todos los estratos de la sociedad, desde las escuelas e institutos, hasta si hablamos, por ejemplo, de un proyecto de salud, el propio paciente y, por supuesto, el público especializado que tendrá más interés en ese tipo de investigación. Se trata, en definitiva, de alcanzar, hasta donde se pueda, todo el espectro de la población, aunque por supuesto no siempre se puede y es muy difícil especialmente sin los suficientes recursos, pero al menos ese es el propósito.

Planificación de la comunicación

M.G.: En este sentido¿qué elementos o ítems echa de menos  cuando plantea una propuesta como investigador o cuando la evalúa? ¿ En qué medida cree que están suficientemente definidos como los canales, los medios o los recursos que se usarán para la comunicación del proyecto?

S.G.: Normalmente las convocatorias no suelen definir qué canales tienes que utilizar; siempre suelen ser bastante amplios para dejar al investigador la libertad de diseñar su propio plan. Al fin y al cabo, casi todo lo que se ve en este momento está orientado a la televisión o a internet. Pero, es verdad que tampoco se indica expresamente que deba hacerse, por ejemplo,  una feria para estudiantes o difundir en una red social… Por lo menos en los proyectos que yo evalúo (Marie Skłodowska-Curie actions), en las instrucciones no se define exactamente por dónde debe hacerse esa comunicación; eso queda siempre a discrección del investigador. Normalmente, las propuestas de proyectos siempre intentan, sobre todo cuando escribes, recoger todo, pero no es lo mismo escribir todo de una manera general que ir específicamente diciendo qué tipo de acción vas a hacer en cada caso para, como decíamos antes, llegar a los distintos estratos de la sociedad mediante diferentes medios: televisión, charlas, talleres para que los chicos trabajen, etc.

El impacto no es solo el impacto científico, sino cómo llegas a toda la sociedad, y eso solo se logra comunicando.

M.G.: En el proceso de evaluación de propuestas, ¿qué es lo que favorece una mayor puntuación en el apartado de comunicación y difusión de resultados? ¿Que sea realista, coherente, que aborde distintos públicos…? A su juicio, ¿cuáles son los criterios esenciales?

S.G.: Para mí, una de las cosas principales es haya una planificación clara en la que quede tangible cuántas actividades de comunicación se van a llevar a cabo en el proyecto, en qué eventos, con qué medios…  Otra de las cosas más importantes, desde mi punto de vista, es el grado de innovación. Es decir, no sirve decir lo de siempre:  “voy a intentar crear un canal en YouTube., usar redes sociales..” Eso son cosas que están ya muy vistas. Y hay gente que realiza planes de trabajo o planes de comunicación que son bastante interesantes precisamente porque no lo has visto anteriormente, incluyendo actividades que sean nuevas e innovadoras en ese aspecto.

Foto: Juan Romero-Luis.

Desarrolo y difusión de las acciones

M.G.: ¿Qué grado de concordancia cree que hay entre las acciones planificadas y las que finalmente se acaban desarrollando?

S.G.: Casi siempre hay bastantes discrepancias. Pero es que, como investigador, puedo pensar una cosa y luego darme cuenta de que, a lo mejor, he sido demasiado ambicioso, y tengo que bajar mis pretensiones. Lo que sí que he visto es que en los proyectos europeos los project officers son bastantes inflexibles en ese aspecto. Es decir, si se ha dicho que se va a realizar una determinada comunicación se va a revisar que realmente se ha hecho. Evidentemente, puede haber razones de peso que hagan que el plan cambie. Pero, normalmente, se tiene que trabajar para llegar al cumplimiento de lo que tú has planificado, sobre todo en proyectos europeos.

Desde el punto de vista del investigador, lo que nos faltan muchas veces son recursos para llegar a cumplir el plan que hemos puesto. Normalmente, el papel lo aguanta todo; tú puedes poner mil actividades, el evaluador analizará si son factibles pero, como hemos dicho, son apartados a los que no se les da tanta importancia, por lo que siempre puedes caer en ser más ambicioso de lo que realmente luego puedas llegar a realizar.

Foto: Juan Romero-Luis.

M.G.: ¿Y cuál crees que puede ser la clave fundamental para que esa comunicación prevista pueda llevarse a cabo?

S.G.: Yo creo que el principal problema que tenemos es que muchas veces no sabemos cómo hacerlo, porque no somos especialistas en ello. Nosotros sabemos como escribir un artículo científico para un determinado público perfectamente, pero no tanto cómo llegar a un niño o una niña de 8 o 10 años, cómo intentar acercarle ese conocimiento científico o cómo intentar inculcarle que lo que estamos haciendo es interesante para él. Muchas veces nos falta psicología, porque no sabemos qué es lo que le puede realmente interesar. Por otra parte, faltan medios económicos y gente que sepa, que nos ayude o que forme incluso parte del propio proyecto y que, con conocimientos de comunicación y diseminación científica, sepa realmente cómo llegar a estos públicos.

Evaluación

M.G.: ¿Resulta esto más complicado en algunas convocatorias como las Marie Skłodowska-Curie?

S.G.: Sí, hay convocatorias que son muy individuales y en la que es el propio investigador el que tiene que llevar a cabo el proyecto completo, incluida esta parte de comunicación. Y ahí es fundamental contar con el apoyo de la institución. Muchas entidades, especialmente en países anglosajones, disponen de profesionales dedicados específicamente al ámbito de la difusión y divulgación. Tienen un gabinete de comunicación que sabe, desde el punto de vista científico, qué está haciendo esa persona en ese proyecto y le ayudan con el desarrollo de  las acciones de comunicación que sean necesarias.

M.G.: ¿Es importante que los especialistas en comunicación tengan un conocimiento también de la parte científica, de lo que está trabajando ese grupo de investigación o ese investigador?

S.G.: Sí. Es muy importante que la persona que vaya a escribir o a ayudar en ese proceso de comunicación esté familiarizada con el proyecto. Es esencial que, por ejemplo, cuando le explico que estoy diseñando un fármaco para tratar el cáncer y que lo voy a hacer de tal forma, seguramente desde un punto de vista más técnico, pueda comprenderlo bien para que cuando luego elabora los productos de comunicación dirigidos a un público más amplio, sea comprensible sin perder el rigor científico. En definitiva, hay que buscar un equilibrio, que no sea ni excesivamente técnico ni excesivamente poco informativo, logrando un punto medio entre la información puramente científica y lo que puede realmente conectar con esos públicos.

M.G.: ¿Cuáles serían los instrumentos que, como investigador, considera que pueden ser especialmente útiles para llegar a esos públicos?

S.G.: Los vídeos principalmente. Tengo claro que un buen vídeo, bien montado, de duración corta, que no aburra al espectador y sea claro y conciso es excelente para llegar a cualquier público.

M.G.: En cuanto a la evaluación de la comunicación de los proyectos, ¿se evalúa correctamente su alcance o es algo aún por trabajar?

S.G.: Cuando estás realizando la evaluación final del proyecto, analizas cuántas actividades se han hecho, a qué público se han dirigido, etc. Pero no hay una evaluación clara. Debería haber un índice sobre el nivel de incidencia que has conseguido con ciertas actividades, y creo que sería interesante que se implantase algo similar.

M.G.: ¿En la evaluación de los programas el impacto es una variable que se mide?

 S.G.: Sí, de hecho, aunque el impacto es uno de los apartados que menos valora la gente, y por tanto una de las partes a las que se dedica menos tiempo en la preparación de la propuesta, porque se centra más en la excelencia del proyecto, para mí es un aspecto fundamental. Porque si planteas y haces una cosa muy interesante pero solo se enteran los “cuatro o cinco” de tu campo, al final eso pierde valor porque solo llega a  los que ya están familiarizados con ese ámbito de conocimiento. Tenemos que tener en mente que el impacto no es solo el científico, sino cómo llegas a todo la sociedad, y eso solo se logra comunicando.

Foto: Juan Romero-Luis.

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