En ese camino se sitúa Misión Marte: Diario de una exploración espacial, un libro que escribí con una intención clara: trasladar una experiencia científica al público para que pueda sentirla como propia.
De la experiencia a la narrativa
El libro recoge mi vivencia en una misión análoga a Marte, desarrollada en la Mars Desert Research Station en febrero de 2025, donde un equipo de 7 mujeres simula durante varias semanas la vida en el planeta rojo dentro de la misión Hypatia II. Sin embargo, el objetivo del libro no es únicamente describir qué ocurre en ese contexto, sino traducir esa experiencia en un relato accesible.
La escritura surge precisamente de esa necesidad: acercar lo vivido a quienes no están allí. Convertir la investigación, la convivencia, los retos y también las dudas en una historia que permita entender cómo funciona la ciencia desde dentro. Como se plantea en el propio libro, la ciencia no es inmediata ni lineal, sino un proceso que exige tiempo, paciencia y preguntas constantes .

Escribir para compartir la ciencia
Desde esta perspectiva, el libro no se plantea como un producto final, sino como una extensión de la propia experiencia científica. Escribir se convierte en una forma de divulgar, pero también de conectar.
Mi intención no es solo contar lo que ocurrió, sino invitar al lector a formar parte de ese proceso. Que quien lee pueda reconocerse en las preguntas, en la incertidumbre o en la curiosidad que impulsa la investigación. En definitiva, que la experiencia deje de ser individual para convertirse en compartida.
Esta forma de narrar conecta directamente con la idea de que la comunicación no es un elemento externo a la ciencia, sino una parte fundamental de ella. El conocimiento necesita ser contado para tener impacto, para ser comprendido y para integrarse en la sociedad.

Ciencia, comunicación y mirada interdisciplinar
Uno de los ejes que atraviesa tanto la experiencia como el libro es la importancia de incorporar miradas diversas al ámbito científico. En este caso, la comunicación no aparece como un añadido, sino como un elemento central que permite dar sentido a lo que ocurre.
Este enfoque se alinea con perspectivas STE(A)M, donde la integración de las humanidades, las artes y la comunicación amplía la manera de entender la ciencia. No se trata solo de producir conocimiento, sino de hacerlo accesible, comprensible y significativo.

De Marte a la sociedad
Aunque el contexto del libro es una simulación marciana, las cuestiones que plantea son profundamente actuales: la sostenibilidad, la gestión de recursos o la necesidad de repensar cómo vivimos y colaboramos.
En este sentido, escribir sobre mi experiencia en la base de investigación me permitió establecer un puente entre ese entorno extremo y la vida cotidiana. Lo que ocurre en una misión simulada no queda aislado, sino que se convierte en una herramienta para reflexionar sobre la realidad.

Una invitación a sentir la ciencia
En última instancia, este libro responde a una idea sencilla: la ciencia no solo debe entenderse, también puede sentirse. Y para ello, el relato se convierte en una herramienta clave.
Escribir Misión Marte ha sido, precisamente, una forma de abrir esa experiencia, de compartirla y de hacer partícipe al lector. No como espectador, sino como alguien que también puede habitar ese viaje, hacerse preguntas y, en cierto modo, formar parte de él.
Porque si algo define a la ciencia, más allá de los datos, es la curiosidad. Y esa curiosidad, cuando se comparte, deja de pertenecer a una sola persona para convertirse en algo colectivo.









