La Ley de Transparencia y su impacto en las universidades

La Ley de Transparencia ha supuesto un reto significativo para las universidades públicas en España, exigiendo una reorganización interna y un cambio cultural hacia una gobernanza más abierta

por | Ene 21, 2025

La Ley de Transparencia en su Título I artículo 2 señala que quedan bajo su sujeción “las entidades de Derecho Público con personalidad jurídica propia, vinculadas a cualquiera de las Administraciones Públicas o dependientes de ellas, incluidas las Universidades públicas”. Esto ha supuesto una gran carga de reorganización y trabajo para todas las universidades en general. Esta necesidad, no siempre fue entendida por los equipos dirigentes de las universidades, ni, en realidad, por el conjunto de la Comunidad Universitaria.


La implementación efectiva de la transparencia no solo cumple con obligaciones legales, sino que también fortalece la confianza y la reputación institucional.

el caso de la Universidad rey juan carlos

Un caso claro de esta situación fue la Universidad Rey Juan Carlos, que debido a circunstancias ajenas a la vida académica se convirtió en el foco de atención pública a partir de marzo de 2018. Ello hizo que, a diferencia del resto de las universidades del Estado Español, la carga de trabajo que supuso la entrada en vigor de las ya mencionadas leyes de transparencia no recayera en la implementación de lo indicado Capítulo II del Título I, sobre las publicaciones de Publicidad Activa, sino precisamente Capítulo III, dedicado al derecho de acceso a la información pública.

Esta circunstancia particular, ha permitido que los equipos implicados con la gestión de la transparencia institucional hayan conocido de cerca lo que podemos llamar “las aristas de la ley de transparencia”, consistentes en el uso de los derechos que esta ley otorga como herramienta al servicio de intereses ajenos al espíritu de la ley y, por otro lado, muchas de las “barreras” con la que la implementación de los sistemas de transparencia y datos abiertos se han encontrado en el sistema universitario.


Retos iniciales y dinámicas de acción-reacción

La primera conclusión que podemos exponer es la de la necesidad de una acción difusión y divulgación en el seno de las estructuras universitarias. La Universidad Rey Juan Carlos respondió ante el doble reto que suponían las obligaciones de las leyes de transparencia y el ataque de reputación institucional que padecía mediante una dinámica de acción-reacción. Es decir, la creación de un ecosistema de transparencia en la URJC se va construyendo como respuesta a la presión legal y reputacional de la institución. Esta situación lleva a que no haya una planificación a medio o largo plazo, sino respuesta a las necesidades perentorias cotidianas.

Ello, para la Universidad Rey Juan Carlos, significó dar respuesta a las diez peticiones de acceso a la información pública mensuales que se recibieron de media a lo largo de los años 2018, 2019 e inicio del 2020. En paralelo, se perfecciona el Portal de Transparencia, que desde su apertura presenta una media de visitas que se puede cifrar en unas 2000 mensualmente, con subidas muy significativas en los momentos de crisis de imagen de la institución.


Superando barreras: Estrategias y logros

La dinámica de acción-reacción llevó a que, con el tiempo y muchas dificultades, los encargados de transparencia consiguieran una mayor colaboración del resto de los servicios universitarios en siguientes fases:

  1. Convencer a la institución de lo señalado en los artículos 12 y 13 de la ley, es decir, que “se entiende por información pública los contenidos o documentos, cualquiera que sea su formato o soporte, que obren en poder de alguno de los sujetos incluidos en la ley hayan sido elaborados o adquiridos en el ejercicio de sus funciones” y que “son titulares del derecho de acceso todas las personas y que podrá ejercerse sin necesidad de motivar la solicitud”.
  2. Convencer a la institución de que los límites a que se refiere el artículo 14 de la LTAIBG no se aplican directamente ni operan automáticamente a favor de la denegación. Su invocación debe estar ligada con la protección concreta de un interés racional y legítimo.
  3. Convencer a la institución de que todas las peticiones alineadas con el espíritu de la ley deben ser admitidas, considerando la denegación de información como la excepción.
  4. Convencer a la institución de que la universidad debe ser totalmente consciente de la obligatoriedad de la Transparencia y de que debemos crear, fomentar y aceptar una cultura pro-transparencia.

A medida que los porcentajes de admisiones a través del “Derecho de Acceso a la información” aumentaban (el porcentaje de peticiones admitidas evolucionó de la siguiente manera: 2019: 78%; 2020: 82% y 2021: 91%), la entrada de solicitudes de acceso a la información se redujo desde un nivel 100 en 2019 a una media de 40 a partir del año 2021. Por otro lado, con ello la institución “perdía miedo” a la publicidad activa, lo que agilizó y benefició el incremento de contenidos en el Portal de Transparencia..


Superar las resistencias internas hacia la transparencia requiere un cambio cultural y la creación de una cultura pro-transparencia en las instituciones.


Resultados y reflexiones finales

Las barreras, las resistencias para implementar una gobernanza cada vez más abierta, fueron vencidas gracias a la demostración de que la eficiencia en la transparencia a través del “Derecho de Acceso” y de la “Publicidad Activa” lejos de incrementar los problemas reputacionales de la institución, los reducían.

Eso facilitó el lanzamiento de UniversiData, a través del proceso ya descrito en estas páginas, con los éxitos que ya se mencionarán. Pero, por otro lado, también dejó patente otra de las carencias a las que nos enfrentamos en estos temas: la falta de institucionalización.

En todo momento, el impulso procedió de un equipo con un liderazgo muy concreto, en un momento puntual. En el momento en que mayores réditos institucionales estaba ofreciendo el equipo de transparencia y el sistema de servicios creado en torno suyo (Acceso a la Información, Publicidad Activa y Portal de Datos Abiertos -UniversiData-), dicho sistema quedó congelado. O, mejor dicho, huérfano, por la falta de un convencimiento institucional capaz de sustituir el impulso personal de algún liderazgo concreto. La institución, solucionada la presión reputacional, consideró que el objetivo se había alcanzado.

La principal conclusión que se puede extraer es la necesidad de hacer una intensa labor didáctica entre la comunidad universitaria. Que ésta sienta la Transparencia como una herramienta positiva y necesaria para la universidad. Solo si este convencimiento se extiende, y la implementación de los recursos de transparencia responde a una necesidad solicitada desde la base de la comunidad universitaria, los equipos rectores sentirán que están respondiendo a una necesidad y no ante una obligación legal, lo que facilitará la implementación de los recursos necesarios. Ello ayudará a una mejor planificación a medio y largo plazo y a una visión en conjunto.

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Realidad virtual y sostenibilidad: ¿antídoto contra la desinformación o nuevo riesgo narrativo?

Realidad virtual y sostenibilidad: ¿antídoto contra la desinformación o nuevo riesgo narrativo?


En los últimos años, diferentes tecnologías inmersivas como la realidad virtual (VR) ha mostrado su potencial para mejorar y ampliar la comunicación sobre la sostenibilidad. Desde simulaciones del cambio climático hasta experiencias que permiten “visitar” parques eólicos o paisajes amenazados por la degradación ambiental, la inmersión permite sentir los problemas ambientales de una manera novedosa frente a cómo lo hacen los formatos tradicionales.

Pero esta misma capacidad plantea una pregunta cada vez más relevante: ¿pueden las tecnologías inmersivas combatir la desinformación sobre sostenibilidad o, por el contrario, amplificarla de nuevas formas?

Cuando la inmersión ayuda a corregir la desinformación

Diferentes investigaciones han mostrado que la realidad virtual puede ser eficaz para reducir el escepticismo y corregir creencias erróneas sobre cuestiones ambientales. Por ejemplo, Erisen et al. (2024) demostraron que las experiencias de realidad virtual que mostraban impactos del cambio climático aumentan la certeza en las creencias climáticas y reduce el escepticismo, comparado con formatos informativos convencionales. En este caso, el uso de productos con VR favorece un razonamiento más consistente y robusto frente a las narrativas de desinformación.

De forma concreta en el caso de las energías renovables, los trabajos de Cranmer et al. (2020, 2022) son muy ilustrativos. Sus estudios sobre parques eólicos demuestran que las experiencias inmersivas ayudan a corregir preconcepciones erróneas sobre el impacto visual y acústico de los aerogeneradores. Mientras que las imágenes y vídeos tradicionales tienden a reforzar las percepciones negativas preexistentes, la realidad virtual ofrece experiencias integradas que ayudan a evaluar de manera más equilibrada el impacto real de estas instalaciones, lo que redunda en un mayor apoyo a estos proyectos.

Otros estudios, centrados en evaluar actitudes ambientales más generales, como el de Nikolaou (2021), concluyen que los entornos virtuales inmersivos reducen sesgos y fomentan actitudes más positivas hacia la comprensión del cambio climático que los medios tradicionales.

¿Por qué funciona la realidad virtual?

Una de las principales conclusiones de las investigadores más recientes es que el impacto de la VR no se explica solo por su espectacularidad técnica, por ese efecto de novedad o efecto wow. Detrás de su eficacia hay mecanismos psicológicos y cognitivos que operan claramente.

Uno de los más relevantes es la sensación de presencia, es decir, la percepción de estar realmente «dentro» del entorno virtual. Esta sensación intensifica la atención y favorece la memoria, como señalan estudios sobre periodismo inmersivo y visualización científica en VR (Gertrudix et al. 2022)

A ello se suma el compromiso emocional. Como han concluido Wang y Kim (2022), las experiencias con avatares o simulaciones climáticas generan respuestas emocionales más intensas, ya que facilitan la implicación y el aprendizaje. Algunos estudios han medido cambios fisiológicos asociados a una mayor activación emocional.

Otros trabajos como el de Brannonel atl (2021) han evaluado la eficacia de combinar experiencias inmersivas con técnicas de inoculación frente a la desinformación y elementos de gamificación. Según concluyen, esta exposición de las personas a versiones controladas de mensajes engañosos, dentro de un entorno interactivo, puede fortalecer su capacidad para reconocer y resistir la desinformación futura.

No todos los públicos reaccionan igual

Un aspecto clave que subrayan diferentes estudios es que la eficacia de la VR depende de cuál sea el público al que se dirige. Las investigaciones de Cranmer et al. (2020, 2022) muestran que las personas con menor conocimiento previo sobre energías renovables son quienes experimentan mayores cambios en sus percepciones tras una experiencia inmersiva. En estos casos, la VR actúa como una herramienta de alfabetización especialmente potente.

Sin embargo, la realidad virtual tiene un impacto menor en personas con actitudes muy polarizadas o firmemente consolidadas. La inmersión ayuda a comprender mejor los hechos, pero no siempre logra doblegar el razonamiento motivado o las posiciones ideológicas extremas.

El reverso crítico: cuando la inmersión también puede desinformar

Aunque la mayoría de los estudios destacan efectos positivos, algunos análisis ofrecen una visión crítica y advierten de los potenciales riesgos del uso de la inmersión.

Los trabajos de Mariaenrica Giannuzzi (2024), centrados en experiencias educativas de realidad virtual sobre cambio climático, muestran cómo ciertas experiencias inmersivas pueden reforzar discursos basados en narrativas coloniales y miradas paternalistas. El uso de recursos como planos aéreos, voces dobladas o relatos excesivamente moralizantes puede generar una sensación de superioridad del observador y simplificar problemas socioambientales complejos.

Otros autores, como Huang et al. (2019), han manifestado otros riesgos como la hiperrealidad en la visualización científica. Para estos investigadores, las representaciones tridimensionales excesivamente realistas pueden ocultar la incertidumbre que es consustancial a los modelos científicos, lo que puede contribuir a que el público perciba como hechos cerrados y concluyentes lo que en realidad son simulaciones con márgenes de error definidos. En estos casos, las tecnologías inmersivas pueden generar efectos no deseados.

Implicaciones para la comunicación científica y la alfabetización mediática

Desde la perspectiva de la comunicación científica, estos resultados muestran que la realidad virtual puede ser una aliada realmente valiosa para la sostenibilidad, pero solo si se integra en estrategias responsables y críticas. Esto implica diseñar experiencias que muestren la complejidad y la incertidumbre científica, evitar relatos simplistas o moralizantes, tener en cuenta en el diseño las diferentes representaciones culturales y sociales, y fomentar habilidades de lectura crítica de entornos inmersivos.

En un entorno de multipluralidad de productos, canales y recursos, la alfabetización mediática ya no puede limitarse a textos, imágenes o redes sociales. Es necesario incluir también la capacidad de analizar experiencias inmersivas, comprender sus límites y reconocer sus sesgos.

Conclusiones

Aunque la realidad virtual no es, por sí sola, una solución contra la desinformación sobre sostenibilidad, tampoco representa en sí un problema. Como muestran los estudios recientes, su impacto depende del diseño, del contexto y de los públicos a los que se dirige.

Utilizada con rigor, puede ayudar a comprender mejor el cambio climático y las energías renovables. Utilizada de manera acrítica, puede reforzar estereotipos, simplificaciones y falsas certezas.

El verdadero reto no es, por tanto, tecnológico, sino comunicativo y educativo. Y en ese terreno, la investigación y la alfabetización mediática siguen siendo esenciales.


Referencias

  • Brannon, L., Gold, L., Magee, J. L., & Walton, G. (2021). The potential of interactivity and gamification within immersive journalism and interactive documentary (I-docs) to explore climate change literacy and inoculate against misinformation. Journalism Practice. https://doi.org/10.1080/17512786.2021.1991439
  • Cranmer, A., Ericson, J. D., Broughel, A., Bernard, B. P., Robicheaux, E., & Podolski, M. (2020). Worth a thousand words: Presenting wind turbines in virtual reality reveals new opportunities for social acceptance and visualization research. Energy Research & Social Science, 67, 101507. https://doi.org/10.1016/j.erss.2020.101507
  • Cranmer, A., Ericson, J. D., Broughel, A., & Dharni, K. (2022). Immersion matters: The medium is the message for wind energy. Journal of Cleaner Production, 351, 131463. https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S0959652622040707?via%3Dihub
  • Erisen, E., Yildirim, F., Duran, E., Şar, B., & Kalkan, I. (2024). Exploring the effectiveness of virtual reality in combating misinformation on climate change. Political Psychology. https://doi.org/10.1111/pops.13057
  • Gertrudix, M., Rubio-Tamayo, J.L., Wuebben, D.L., Sánchez-Acedo, A., XR Journalism Lab: an innovative space for research and training in immersive journalism, in Methodologies and use cases on extended reality for training and education. Editors Correia, A.; Viegas, V.. Ed. IGI Global. Hershey, United States of America, 2022. https://doi.org/10.4018/978-1-6684-3398-0.ch001
  • Giannuzzi, M. (2024). Cringe-watching: How EduXperience’s moralizing does (not) advance social change. AN-ICON: Studies in Environmental Images. https://doi.org/10.54103/ai/22481
  • Huang, J., Lucash, M., Simpson, M., Helgeson, C., & Klippel, A. (2019). Visualizing natural environments from data in virtual reality: Combining realism and uncertainty. Proceedings of the IEEE Conference on Virtual Reality and 3D User Interfaces (VR). IEEE. https://doi.org/10.1109/VR.2019.8797996
  • Nikolaou, A. (2021). Attitude change in immersive virtual environments. 2021 IEEE Conference on Virtual Reality and 3D User Interfaces Abstracts and Workshops (VRW). IEEE. https://doi.org/10.1109/VRW52623.2021.00242
  • Wang, Z., & Kim, Y.-J. (2022). Exploring immersive mixed reality simulations and their impact on climate change awareness. Asian Journal of Applied Science and Engineering, 11(2), 123–135. https://doi.org/10.18034/ajase.v11i1.3
Sostenibilidad gamificada: el espacio videolúdico como simulacro de alternativas ecológicas

Sostenibilidad gamificada: el espacio videolúdico como simulacro de alternativas ecológicas

Si logramos ignorar las diferentes posiciones tecnofóbicas, descubriremos que las innovaciones en hardware se han ido imponiendo paulatinamente como el caballo de batalla de las metodologías pedagógicas. En una era donde el trasvase de conocimiento telemático se ha impuesto por motivos de fuerza mayor, la tecnología computacional y la educación han oficializado su enlace. Un logro que se alcanza sin olvidar a los numerosos investigadores docentes que llevan experimentando con esta dinámica desde hace años; esfuerzo que se cristaliza a través tras una pandemia que han acelerado esta convergencia.

Para comprender la importancia del hardware y el software en las aulas, hay que contextualizar el experiential learning. El término implica una interacción con el objeto de aprendizaje; un diálogo transversal entre la materia y el alumno, donde la implicación mutua es el cauce del proceso educativo. Aunque puede articularse de diferentes formas, es en el videojuego donde múltiples investigaciones han encontrado la vía hacia el pulimiento metodológico. Y es que el espacio videlúdico, por su naturaleza interactiva y teóricamente lúdica, estimula al usuario a través de una consecución de objetivos concreta donde oculta una lección gamificada subyugada. Por otro lado, Flavio Escribano comenta en Homo Alien: Videojuego y gamificación para el próximo hacking cognitivo la capacidad de los juegos para favorecer el pensamiento sistémico (system thinking). Hito que se consigue gracias a su capacidad para hacernos pensar en los problemas o en las situaciones como una estructura compleja de inputs y outputs, en lugar de una línea inmutable de acontecimientos que siguen una trayectoria unidireccional. La repercusión del videojuego en el proceso de aprendizaje es tal que Tom Chatfiel, autor de Fun Inc.: Why games are the 21st Century’s most serious business, se atreve a fantasear con un futuro donde es imposible imaginar una educación sin interactividad. Su teoría postula que llegará el día donde los alumnos que compongan las escuelas habrán nacido dentro de un mundo donde los videojuegos han sido parte de sus vidas y es en este panorama particular cuando el potencial de estos dejará de ser una posibilidad para sentarse como inevitable. Esta suerte de comentario premonitorio no se aleja demasiado de una tendencia que buscaba expandir el informe Horizon Report: 2014 K-12. El documento ya recomendaba, hace diez años, una remodelación del aprendizaje, basándose en juegos y gamificación como estrategia didáctica.

Uno de los videojuegos más recurrentes dentro del panorama educativo es Minecraft. Desarrollado por el estudio Mojang, esta propiedad intelectual sería adquirida por Microsoft en 2014, 3 años después de su publicación. Caracterizado por una conocida estética basada en cubos, sus escasos requerimientos técnicos permiten que pueda ser reproducido en una amplia gama de dispositivos. Usualmente es catalogado como una propuesta regida por sistemas de juego donde el usuario puede adquirir conocimientos y softskills a través de la exploración de escenarios y la construcción de elementos. Mientras que su actividad principal consiste en sobrevivir en un entorno virtual tridimensional generado proceduralmente mediante la creación de recursos digitales, la versión Minecraft Education (publicada por Microsoft en el año 2016) promueve la creatividad, colaboración y resolución de problemas en un lúdico y multidisciplinar contexto. Aplicado al aula, dicha vertiente educativa provee de servidores privados donde el docente puede controlar las acciones del alumnado, contemplar los resultados obtenidos o intervenir en caso de conflicto. Además, también es posible limitar las capacidades interactivas del usuario, partiendo de un control total de los objetos de juego hasta reducir su intervención a la navegación espacial de su avatar. Esta graduación permite metodologías pedagógicas diferentes; por ejemplo: una sesión Flipped Classrom donde el alumnado pueda trabajar el contenido de manera online y poner en práctica lo aprendido en una construcción o exposición grupal; la manipulación directa de aspectos expuestos en la lección o fomentar al alumno a la co-creación y co-diseño de proyectos donde los alumnos puedan colaborar dentro del juego para poner en común sus soluciones para problemas reales.

Extrapolándolo al campo de la sostenibilidad, Climate Futures es un conjunto de mundos inmersivos y lecciones desarrollos por Met Office, la agencia meteorológica nacional del Reino Unido. En estos mundos, los estudiantes de 8 a 16 años pueden explorar el cambio climático y los efectos en las economías locales, los ecosistemas y las comunidades a través de un conjunto significativo de historias basadas en eventos del mundo real. El aprendizaje no reside exclusivamente en la exposición de información, sino en una serie de retos colaborativos donde los estudiantes experimentan cómo el cambio climático está afectando a sus vidas y los medios de subsistencia, desde bosque hasta las granjas. Poniendo un ejemplo: los estudiantes pueden estudiar el ciclo de los alimentos y las cadenas de suministro desde el campo hasta la mesa, comprobando el impacto en nuestro medio ambiente a lo largo del tiempo y analizar diferente formas de intervenir durante la producción.

Desde Ciberimaginario, buscaremos utilizar este software para desarrollar experiencias educativas que permitan concienciar sobre la resiliencia climática en estudiantes de 2º, 3º y 4º de primaria de centros públicos ubicados en la costa malagueña. Si quieres conocer el avance del proceso, no te pierdas las próximas publicaciones.

Cuando X (Twitter) dice NO: Crónica de una resistencia sistemática a la transparencia

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El derecho que existe (sobre el papel)

Desde 2023, la Ley de Servicios Digitales (DSA) de la Unión Europea otorga a los investigadores un derecho esencial: acceder a los datos de las grandes plataformas digitales para estudiar riesgos sistémicos. En teoría, plataformas como X, Meta, TikTok y otras están obligadas a proporcionar «sin retraso indebido» acceso a datos públicos cuando los investigadores cumplen requisitos básicos: estar afiliados a una institución académica, investigar riesgos sistémicos para la UE, y comprometerse a publicar los resultados de forma abierta. Suena bien, ¿verdad? La realidad es otra historia.

Nuestro experimento (involuntario) con la resistencia

En el marco de una investigación del proyecto eComciencia, el Grupo Ciberimaginario y el XRCOMLAB de la URJC, solicitamos acceso a datos de X para investigar el discurso social sobre las tecnologías inmersivas (metaverso, VR, XR) en España. Nuestro objetivo: analizar narrativas, detectar desinformación y entender impactos potenciales en la opinión pública. Un proyecto legítimo, con metodología sólida y relevancia clara para los riesgos que contempla la DSA.

Lo que siguió fue una masterclass en cómo una gran plataforma puede decir «no» sin decir «no» durante tres meses.

El manual de resistencia en cinco actos

Acto 1: El silencio (28 enero – 7 febrero)

Presentamos nuestra solicitud el 28 de enero con toda la documentación requerida. Respuesta de X: silencio absoluto durante 10 días. Ni siquiera un «hemos recibido tu solicitud».

Acto 2: «Necesitamos más papeles» (7-25 febrero)

Cuando finalmente X confirmó la recepción, esperamos otros 18 días para recibir la primera sorpresa: necesitaban «documentación independiente» para verificar que nuestro proyecto era real. Solicitudes de subvenciones, páginas web departamentales, cualquier cosa que «comprobara» que no estábamos mintiendo sobre nuestra investigación.

Respondimos el mismo día enviando todo lo solicitado.

Acto 3: «Su solicitud es demasiado amplia» (14 marzo)

Un mes después, nueva objeción: nuestra solicitud era «excesivamente amplia» y aparentemente no se enfocaba en «discurso político o ideológico». X requería que pre-especificáramos nuestra metodología con un detalle que podría comprometer la validez científica del estudio.

También cuestionaron si estudiar «narrativas engañosas sobre tecnologías inmersivas» realmente contribuía a detectar riesgos para «el discurso cívico y procesos electorales». Una interpretación sorprendentemente restrictiva de lo que constituye un riesgo sistémico.

Respondimos el mismo día con clarificaciones detalladas y argumentos teóricos sólidos.

Acto 4: «No, simplemente no» (24 marzo)

Después de todas nuestras clarificaciones, X emitió un rechazo formal. Sin explicaciones detalladas, sin referencia a criterios específicos de la DSA, sin justificación real.

Contraargumentamos inmediatamente con un análisis detallado de las obligaciones de las plataformas y de los precedentes regulatorios.

Acto 5: «No, definitivamente no» (2 mayo)

La denegación definitiva llegó sin ni siquiera responder a nuestros argumentos legales. Tras 94 días, X cerró el proceso sin más explicaciones. ¡Esto es todo, amigos!

Las tres estrategias de la resistencia

Nuestro caso documenta tres técnicas claras que X, y otras plataformas, utilizan para saltarse sus obligaciones legales:

  1. Criterios extra-regulatorios: Exigencias que van más allá de lo establecido en la DSA, incluyendo interpretaciones restrictivas de conceptos como «proporcionalidad» y «riesgos sistémicos».
  2. Escalada progresiva de exigencias: Cada fase introduce nuevos requisitos no contemplados inicialmente, cambiando constantemente las reglas del juego.
  3. Dilaciones sistemáticas: Se producen períodos extensos entre comunicaciones que sugieren una estrategia deliberada para desgastar a los investigadores.

No estamos solos, desafortunadamente

Nuestro caso no es aislado. La Comisión Europea tiene procedimientos formales abiertos contra X, que es el primer caso emblemático por «deficiencias sospechosas» en dar acceso a investigadores; TikTok: Investigada por violaciones múltiples incluyendo acceso a datos; Meta, que cuenta con múltiples procedimientos, incluyendo la eliminación de CrowdTangle sin alternativa real; o AliExpress, que es el primer marketplace bajo investigación por estas violaciones de acceso.

Además, en enero de 2024, la Comisión envió solicitudes de información a 17 plataformas sobre sus prácticas de acceso a datos. Y la conclusión es clara: se trata de una resistencia sistemática.

Curiosamente, solo Wikipedia parece estar cumpliendo adecuadamente, y parece que la diferencia clave es que se trata de una organización sin ánimo de lucro con arquitectura de datos abierta, mientras que las demás tienen modelos comerciales que dependen del control de la información.

¿Por qué es importaNTE reclamar el acceso como investigadores?

Esta resistencia no es solo un problema burocrático. Ataca a un pilar fundamental de la responsabilidad democrática de las plataformas digitales. Sin investigación independiente, el sistema de mitigación de riesgos de la DSA se convierte en un ejercicio formal en el que las plataformas se autorregulan sin una supervisión real.

Las plataformas han logrado mantener su control trasladando la resistencia del «qué datos proporcionamos» al «cómo proporcionamos el acceso». Es una estrategia sofisticada que opera en las zonas grises de la regulación.

Lo que hemos aprendido en este proceso:

  1. La autorregulación no funciona: Las plataformas han desarrollado estrategias sofisticadas para evadir sus obligaciones legales explícitas.
  2. Se necesita supervisión gubernamental activa: Los marcos regulatorios futuros deben anticipar estas tácticas y abordar eficazmente las vías de resistencia.
  3. Los investigadores deben coordinarse: Documentar estos casos y compartir estrategias es crucial para presionar para que se produzcan mejorasen la regulación.
  4. La transparencia no es técnicamente imposible: Wikipedia demuestra que se puede hacer cuando hay voluntad real.

Nuestro caso forma parte de un inventario creciente de evidencias sobre las limitaciones de la regulación actual. Los datos que hemos recopilado contribuyen al debate sobre futuras reformas que fortalezcan los mecanismos de supervisión y establezcan criterios más específicos. La Comisión Europea ya está investigando formalmente a estas plataformas. Casos como el nuestro proporcionan la evidencia necesaria para demostrar que la resistencia es sistemática, no accidental.

Conclusiones

Cuando las grandes plataformas digitales pueden evadir sus obligaciones legales con impunidad, el proyecto democrático de transparencia y rendición de cuentas se ve seriamente comprometido. La DSA fue un gran paso adelante, pero su implementación muestra las limitaciones de confiar en la buena fe de las empresas que se benefician precisamente del control de la información.

La batalla por el acceso transparente a los datos de las plataformas está en sus primeras etapas. Y casos como el nuestro demuestran que es una batalla que necesitamos librar.

Este post se basa en la documentación completa de nuestro proceso de solicitud, disponible como informe técnico en Zenodo para que otros investigadores puedan aprender de nuestra experiencia y mejorar sus propias estrategias.


Referencias

El poder de los ecoinfluencers: narrativas en torno al cambio climático en redes sociales

El poder de los ecoinfluencers: narrativas en torno al cambio climático en redes sociales

ecoinfluencers: el cambio climático en redes sociales

Las redes sociales tienen el poder de marcar y dirigir la conversación en torno a determinados temas, siendo en muchos casos capaces de establecer una agenda para su público.

Es inevitable percibir el enorme crecimiento de movimientos negacionistas y especialmente activos contra el cambio climático en las redes sociales, que en muchos casos les dan cobijo, ajenas completamente a la falta de fundamento científico. Esta fuente constante de desinformación ha encontrado cierta resistencia en la figura del ecoinfluencer, definido por su capacidad para generar narrativas personales vinculadas con el activismo medioambiental (San Cornelio, Martorell y Ardèvol, 2021).

El estudio “Sostenibilidad y Consumo “(Observatorio Cetelem, 2024), señala como se ha producido un cambio en la percepción sobre el cambio climático en España. En el año 2023, el 57% de los encuestados mencionaba que les preocupaba mucho, mientras que, en 2024, esta mención se redujo al 57%. Aumenta, sin embargo, el volumen de personas a las que les preocupa ligeramente o no les preocupa.

Fuente – Encuesta Observatorio Cetelem – Sostenibilidad y Consumo (2024)

Con estos datos, la actividad de los ecoinfluencers es especialmente importante a la hora de trasmitir con claridad la importancia de entender el significado del cambio climático. Tienen en sus manos la posibilidad de dar a conocer tanto los problemas que pueden surgir en nuestro día a día, cómo cuáles son las actitudes y comportamientos que pueden contribuir a mejorar la situación actual del plantea y su futuro. Sus perfiles están muy ligados a las redes sociales que más utilizan las generaciones Z  y Alpha (Instagram, TikTok,…), y que son además una de sus habituales fuentes de consumo de información científica, como señala el Informe “Confianza y Populismo científico en España”, publicado por la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología en 2024, donde se observa cómo un total del 41,3% de los encuestados encuentran información sobre ciencia en redes sociales, al menos una vez al mes (13,5% una o dos veces al mes; 14,3%  una o dos veces a la semana; 11,8%, casi cada día;  3,7%, una vez o más por día).

Informe “Confianza y Populismo científico en España”, publicado por FECYT (2024)

entre la publicidad y la historia personal, un espacio para la difusión científica

La actividad de los ecoinfluencers se encuentra en muchas ocasiones mediatizada por el marketing o la publicidad, lo que también genera cierta desconfianza entre los consumidores, especialmente cuando se trata de claras estrategias de greenwashing. En ocasiones este tipo de colaboraciones no resultan evidentes, y es difícil identificar cuándo se están realizando. Dependiendo de los casos, a veces se recurre a incluir la expresión publi, o a señalar que se trata de una publicación publicitaria, si bien, en otros simplemente se habla de una “recomendación”, sin clarificar el objetivo de esta.

Las cuentas de los ecoinfluencers suelen ofrecen unos ritmos constantes y regulares, donde se alternan diferentes formatos de publicación. Algunas cuentas como las de @carlotabruna, @jonkareaga, @martacanga o, @gotzonmantuliz muestran la existencia de una conexión clara con el público, que construyen especialmente a través de sus propias vivencias personales siendo esta una línea de publicación clave para muchos de ellos.

Se identifica con claridad cómo las historias personales tienen una marcada  relevancia entre los públicos y son, sin ninguna duda, un factor de éxito muy habitual. La estrategia narrativa vinculada a la vida personal otorga mucha más relevancia a su discurso y es capaz de generar un elevado engagement, así como una significativa receptividad del público, que multiplica las intervenciones o respuestas positivas hacia la publicación. La fidelización de los seguidores es un elemento clave a la hora de constatar el impacto de las narrativas que desarrollan.

Resulta especialmente significativo como aquellas publicaciones de ecoinfluencers que están avaladas por la evidencia científica, son aquellas que reciben una mayor respuesta crítica o de odio en redes sociales. Cuanto mayor es la justificación documental que se ha empleado en una publicación, mayor es la respuesta basada en contranarrativas negacionistas y carentes de evidencia científica.

Más allá de los objetivos de branding, engagement y de la obtención de resultados para las marcas que los contratan, el perfil de los ecoinfluencers tiene un impacto en una parte importante de la sociedad y su discurso narrativo predispone a varias generaciones sobre el tratamiento y opinión que genera el cambio climático. Su capacidad para mantener dicho discurso y basar este en la evidencia científica es, cuando menos, un elemento a tener en cuenta en la evolución del pensamiento social.

REFERENCIAS

Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología, FECYT. (2024). Confianza en la ciencia y Populismo científico en España. https://doi.org/10.58121/a3wy-2444

Observatorio Cetelem (2024) Sostenibilidad y consumo. https://elobservatoriocetelem.es/app/uploads/sites/3/2024/06/ob_sostenibilidad_2024_economia-circular.pdf

San Cornelio, G., Ardèvol, E., & Martorell, S. (2022). Estilo de vida, activismo y consumo en influencers medioambientales en instagram. Obra Digital, (21), 131–148. https://10.25029/od.2021.326.21

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