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YouTube, un laboratorio científico

Experimentos audiovisuales para difundir el conocimiento

Mario Rajas Fernández

¿Sobre qué escribimos?

por | Oct 23, 2018

Canales abiertos y vertiginosos, creadores independientes e innovadores y, sobre todo, públicos masivos, activos y colaborativos: las plataformas de vídeo online han transformado profundamente la forma de divulgar el conocimiento científico en la red. Entremos al laboratorio de experimentos audiovisuales, encendamos la cámara y conozcamos qué ventajas añade la narrativa youtuber a la comunicación actual de la ciencia.

YouTube ha ido revelándose como un formidable laboratorio de pruebas para producir y compartir miles y miles de recursos científicos. Junto a otras plataformas de contenido audiovisual en streaming como Vimeo o Dailymotion, el servicio de vídeo de Google se ha convertido en un medio de comunicación imprescindible para la actividad científica y educativa, en un espacio privilegiado para acometer múltiples experimentos creativos en el ámbito de la transmisión y diseminación del conocimiento.

Iniciativas de divulgación de la ciencia como SciShow, It’s Okay To Be Smart, Date un Voltio, MinutoDeFísica, Vsauce o Derivando, entre otros muchos canales de vídeo orientados a un público generalista, han alcanzado en muy poco tiempo un número muy considerable de suscripciones o reproducciones, además de un impacto notable en otros medios tradicionales (televisión, prensa, etc.) que recogen y amplifican la relevancia originaria de este fenómeno digital. El crecimiento exponencial de seguidores de los canales científicos de YouTube muestra la fructífera conexión que puede establecerse entre el campo de la investigación avanzada y los heterogéneos proyectos de comunicación audiovisual que desarrollan las instituciones educativas, empresariales y sociales.

“Nuestra cultura está cambiando y no hay mejor lugar para descubrirlo que YouTube” (Kevin Alloca)

¿Qué aporta la utilización de un laboratorio audiovisual como YouTube al conocimiento científico? ¿Qué ventajas, qué inconvenientes presenta? ¿Qué tipos de contenidos se pueden producir? ¿Cómo empezar a adentrarse en este apasionante universo comunicativo con garantías de éxito? Antes de abordar las claves fundamentales de la creación de contenidos audiovisuales aplicados a la ciencia que iremos publicando en próximos artículos del blog de Ciberimaginario, centrémonos en una de las principales cualidades que las plataformas de vídeo como YouTube prestan al trabajo continuado de investigadores y docentes: la facultad de narrar, de contar sus historias con imágenes y sonidos.

En primer lugar, con la incorporación del vídeo como formato narrativo se expande el alcance de la investigación en múltiples direcciones. En vez de orientarse o limitarse a dar a conocer los resultados o conclusiones de un proyecto determinado –tarea a la que se circunscribe casi exclusivamente la comunicación científica convencional–, en YouTube cualquier fase o desarrollo de la investigación se transforma en un potencial recurso narrativo, en un relato de interés. Así, por ejemplo, se pueden difundir, entre otros, vídeos de infraestructuras, ensayos, experimentos, reuniones, convocatorias o actividades de divulgación. Es decir, se pueden relatar todos aquellos procesos que conforman realmente el desarrollo activo y transformativo de un proyecto de investigación.

Además, se añaden dos características sobresalientes que magnifican el efecto de la comunicación digital: por un lado, la oportunidad de conectar, multiplicando su alcance y finalidad, la producción audiovisual para YouTube con la elaboración de materiales científicos tradicionales (papers, ponencias, etc.) y, a su vez, la generación específica de otros contenidos complementarios aplicados a las redes sociales (infografías para Instagram, enlaces para Twitter, etc.).

Fuente: Fragmento de un vídeo del canal “MinutoDeFísica“.
Por otro, se abre la posibilidad de establecer varios niveles estratificados en cuanto a extensión y profundidad de la información. De este modo, se puede diseñar una segmentación de mensajes, audiencias y canales que abarque por completo los objetivos particulares de la comunicación de un proyecto: así, se transmiten en formato audiovisual, sin aligerarlas, subvertirlas o reducirlas, las conclusiones más avanzadas de una investigación pensando en un público académico especializado, a la vez que se divulgan de forma amena y sencilla algunos de los resultados obtenidos, vinculándolos a la actualidad de la vida cotidiana y al interés general de públicos más amplios. En este sentido, por ejemplo, la producción videográfica de una investigación puede orientarse al ámbito educativo, diseñando un itinerario de cursos virtuales (MOOC, SPOC, etc.) que conviertan los descubrimientos del proyecto en una experiencia formativa de calidad.
Fuente: Vídeo promocional del SPOC de URJCx “Bases metodológicas para investigación científica”.
Sobre estas bases tecnológicas y comunicativas descansan las enormes posibilidades que los recursos audiovisuales ponen en juego para difundir la ciencia. Sin embargo, el verdadero valor añadido del laboratorio de YouTube no es, como podría parecer a simple vista, la producción y distribución ingente de vídeos, sino la transformación que ha operado en unas audiencias pasivas que, de receptoras de contenidos, han pasado a convertirse en entusiastas creadoras y difusoras de conocimientos científicos.

“La diferencia entre los datos y las historias es esta: el dato registra, enumera lo que ocurre; la historia expresa cómo y por qué ha ocurrido. El dato recopila hechos por cantidad y frecuencia; la historia revela las causalidades detrás y debajo de esos hechos” (Robert McKee y Thomas Gerace)

Las estrategias de storytelling permiten incorporar a la difusión científica, de manera natural y eficiente, cualquier técnica o recurso de escritura de historias para cine o televisión. Así, la generación de expectativas, la atención continuada, la implicación emocional, el compromiso-engagement, la interacción o el recuerdo, se incorporan como características determinantes que disparan el impacto del vídeo producido y sitúan al espectador –que no solo visiona críticamente, sino que comparte e incluso elabora nuevos materiales–, en el epicentro creativo del relato científico.

Fuente: Fragmento del MOOC de Identidad Digital de URJCx.
De este modo, las técnicas narrativas, mil y una veces testadas y analizadas en películas o series de éxito, pueden ampliar sin límites el catálogo aún muy restringido de opciones estéticas del vídeo científico convencional, un tipo de contenido que, todavía en la actualidad, sigue estando asociado a un estilo visual muy avejentado y estereotipado –como si fuera una clase presencial o una charla divulgativa–, pero que los jóvenes youtubers están reinventando en tiempo real cada vez que suben a sus canales producciones útiles, atractivas e innovadoras.

En siguientes artículos del blog de Ciberimaginario emprenderemos un estudio en profundidad de las principales herramientas narrativas de las que dispone un investigador para escribir un relato científico audiovisual: formato (vídeo, infografía, etc.), género (informativo, ficcional, etc.), tono (académico, humorístico, etc.), estructura (ganchos, giros, etc.), punto de vista (subjetividad, multiperspectiva, etc.), tiempo (orden, duración, etc.) y otros muchos fascinantes mecanismos dramáticos de construcción audiovisual. Así mismo, analizaremos la utilización novedosa, sencilla y directa de los distintos lenguajes audiovisuales (fotografía, música, animación, montaje, etc.) para realizar vídeos científicos de impacto y los procedimientos más eficientes y exitosos de programación y difusión de contenidos en la red.

Un proyecto de investigación es como una serie de televisión llena de tramas por descubrir y transitar; YouTube es el laboratorio experimental para aprender a narrar y compartir sin límites de espacio o de tiempo esas maravillosas historias.

Pongámonos la bata de científicos, sumerjámonos en la inmensa aula virtual que es internet y disfrutemos de miles de vídeos que nos acercan al universo de la ciencia para informarnos, formarnos y entretenernos. ¿No es la emoción una vías privilegiada para llegar al conocimiento? ¿No tienen los verbos describir, crear o compartir un significado esencialmente narrativo? ¿No nos entran ganas de ponernos también delante de una cámara y comunicar, de forma divertida y estimulante, el trabajo que estamos desarrollando en nuestras investigaciones? Aprendamos a narrar, escribamos la ciencia. ¡Acción!

Fuente: Vídeo de Bienvenida al canal de YouTube “It’s Okay to Be Smart”.
Referencias

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